Cada vez que se conversa con docentes de Comunicación o con estudiantes de Educación en la misma mención sobre el cine en la enseñanza de la Literatura, la reacción es casi uniforme: “El cine distorsiona la obra literaria”. Tal afirmación es de quienes creen que el cineasta está al servicio de los docentes y la educación. Claro está que la función de este no es preparar material didáctico para un aula escolar, sino que es la realización artística de su lectura de alguna obra literaria, en caso de que lo tocase. No está obligado a que su película sea fiel al “original” como se pretende. Sino que es una propuesta libre de su concepción sobre esa obra, pero ya en otro plano. Este no es el único punto en contra que encuentran los profesores. También se ha escuchado decir que el cine no deja pensar o imaginar porque ya todo está en la pantalla. Según estos, el leer una novela garantiza que el escolar desarrolle su capacidad imaginativa. El cine, no.
El hecho de ir al cine ya se ha convertido en un rito: los bocaditos y la gaseosa (antiimperialismo aparte). Este rito incluso puede servirnos para desarrollar las actividades no académicas dentro del aula. Que los estudiantes se involucren en la organización de la actividad: planificar la preparación de la canchita y los refrescos; ambientar el aula. Luego el acto de ver la película completa (Señalo esto porque existe también la resistencia de que se pase la película completa por considerarse de “una pérdida de tiempo”: “sólo ven películas”, “hace hora”). Por qué negarse a ello. Algunos docentes pasan la película solo una parte luego la cuentan, rompiendo así la magia que tiene esta. Esa rara actitud de acaparar el escenario, al estar al frente de todos, y dominar puede más. Quieren pararse al frente para “justificar sus dictados”. Dejemos que toda la película sea vista. Disfrutémosla completa.El uso del cine en las aulas, dado lo ya planteado no debe soslayarse. Es necesario organizar las actividades de acuerdo a lo que ofrece el cine en este aspecto. El efecto es distinto cuando se hace uso de ella. Cada película ofrece diversas posibilidades para una clase de literatura: el debate y la comparación, por ejemplo. Los temas que se desarrollan en la película nos permiten debatir en torno a ella. Leer un fragmento de la obra “original” y compararlo con lo que se ha visto es otra cuestión. Son sensaciones diferentes. Lecturas diferentes. ¿Por qué en la película se presenta de una manera y en el texto escrito de otra? ¿Cuál es la posición del cineasta? La discusión se hace más fructífera si todos los estudiantes del aula o un grupo han leído toda la obra. Encontrar “la distorsión” o la semejanza entre las dos artes de por sí ya genera todo una polémica. ¿Qué fragmento impacta más? ¿La del cine o la de la novela? ¿Cómo se realiza una escena específica de la película en la obra? O sea, que a partir del cine vayan ahora al texto escrito. Un diálogo entre cine y literatura que puede extenderse a las tareas domiciliarias y de exploración en la obra literaria
En el mercado existe una variedad de películas basadas en los clásicos de la literatura. Diversas versiones. Para todos los gustos. En la elección entra a tallar la visión del docente. Hay una larga lista de películas. Desde lo más reciente hasta las de imágenes en blanco y negro: Mío Cid, Hamlet, Ceguera, El amor en los tiempos del cólera, Doña Bárbara, Pedro Páramo. Incluso los cinéfilos esperan la realización de Cien años de soledad. Veamos algunos ejemplos de los que se pueden usar en las aulas.
La película Los miserables (Bille August), basada en la novela del mismo nombre, en una sesión de clase nos entrega imágenes que puede compararse en toda su integridad o solo con algunos fragmentos: ese acto de cuando Jean Valjean levanta la carroza, la muerte de Fantine, el robo del candelabro de plata, las acciones revolucionarias. Así el docente tiene un abanico de situaciones que puede elegir, de acuerdo a su propia concepción de educación y arte.
Crimen y castigo, donde se resalta la figura de Raskolnikov y su paranoia. El asesino que pretende justificar su crimen. El crimen perfecto. Solo que no contaba con el sentimiento de culpa, los sueños y Sonia, una mujer purificadora y redentora. Ese drama de la miseria y la búsqueda de la felicidad humana que ha escrito Dostoievski puede verse en el plano del cine con el mismo título: Crimen y castigo (Joseph Sargent). Este nos sugiere escenas que pueden ser trabajadas en aula: la planificación del crimen, los delirios, los diálogos con el inspector, la confesión ante Sonia o el inspector, la muerte de Marmeladov. Explorar la conducta humana en una situación conflictiva. Incluso una sesión de clase donde se pueda un docente de Sicología pueda explicar la personalidad de Rodia.
Macbeth (Polanski’s), basada en la obra de Shakespeare, nos grafica la ambición humana que lo lleva hasta el crimen. ¿Cuál es el papel del destino en nuestras actitudes? Esta pregunta recorre en ambos casos. El hecho de creer en el destino, sumada a la ambición, finalmente hace que Macbeth y su esposa cometan el crimen. Aquí las escenas que pueden usarse no se hacen esperar: el diálogo con las brujas, las visiones de manchas de sangre, el conflicto de culpabilidad de los asesinos, el movimiento del bosque.
Troya (Wolfgang Petersen), basada en la mítica historia de Aquiles. En esta película encontramos algunos elementos de la Iliada. Esta película definitivamente estaría en la lista de los que “distorsionan” a la literatura universal. ¡Pobre Homero! Sin embargo, es una buena muestra de películas que puede usarse en una sesión de clase, considerando que es una taquillera y la presencia de actores conocidos. Ahora bien, en casos de “distorsión” exagerada es necesario que se trabaje para evitar que la imagen visual se superponga sobre la imagen verbal. De lo contrario el estudiantado termina creyendo que Menelao y Aquiles mueren en la Iliada, entre otras cuestiones.
A disfrutar del cine en las aulas escolares se ha dicho.
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