La investigación no es una tarea. Es una actitud.

viernes, 20 de agosto de 2010

¿Magisterio hacia la corrupción generalizada?

La situación económica social, caótica y crítica, ha hecho que los hombres sobrevivan de cualquier manera. Sin ninguna consideración en los valores, incluso en los espacios donde se forman los valores. Me refiero al magisterio, donde una parte de sus integrantes, como un acto de sobrevivencia, no han dudado en danzar bajo el ritmo de la corrupción, dirigida por el Alan, por supuesto.

Los exámenes administrados por el MED en los concursos de contratos y nombramientos han demostrado que los “educadores” pueden cruzar esa débil franja hacia la corrupción, dado las condiciones económicas en que se vive. A pesar de ser un sueldo miserable, se está dispuesto a pagar hasta 10 000 soles por un puesto en el magisterio. Porque es un secreto a voces que los exámenes (las claves) se venden a 2000 y las plazas a 8000, esto último dependiendo del lugar. Ante esto nadie ha movido un dedo para solucionar el problema. Nadie. Aunque en el proceso del 2009 hubo denuncias periodísticas de que el examen había salido un día antes para “las masas desesperadas”, no hubo institución seria que lo haya tomado en cuenta.

Esto me hace pensar que el magisterio va hacia ese camino ineludible de la corrupción generalizada. A poco se va a convertir en un antro de la corrupción digno de competencia con la policía. Claro está, si es que no pretende corregir esta situación. Sin embargo, ¿qué institución se encargará de viabilizar que esto no suceda? Sabemos que la policía, no. Menos este gobierno, obviamente.

Es urgente que encontremos la solución a este problema, dado que si la educación termine en el fango de la corrupción, entonces ¿de qué valores se puede hablar y practicar en las aulas? A menos que se maneje el doble discurso, modus operandi del
Apra, aprendido de Haya, que al parecer está contagiando mismo virus a todo el sistema estatal, incluso el educativo.

El oficio de ser profesor

Hace algunos años, una maestra me dejó perplejo cuando en una reunión dijo que nos preocupábamos demasiado por los libros que debían leer los maestros de lengua y literatura. Para ella era suficiente que los profesores dominen lo elemental y que no era motivo de preocupación que la bibliografía no pasara de textos preuniversitarios, por ejemplo. Sobre todo estaba la didáctica (el MED, ese “efelante blanco”, dirigido también por “efelanes”, en los exámenes para contratos y nombramientos tampoco incorpora preguntas de especialidad). En ese momento se me ocurrió que la didáctica era una disciplina del engaño y la estafa. Sin conocer muy bien un tema se podía enseñarla. Vaya didáctica.

Este caso hizo que meditara seriamente sobre la función del maestro, donde su condición de trabajador intelectual y académico ha devenido en trabajador de tipo carpintero, gasfitero, etc. Porque ya no es una novedad que los materiales usados por los docentes en las aulas no pasan de ser los manuales que les proporciona el MED o algún otro manual de la asignatura que este asume, convirtiéndose así en un simple administrador de manuales. Pareciera que para dictar alguna materia es suficiente conocer simplemente lo básico (a nivel escolar). Hurgar en la ciencia y el arte no es una actitud que se pueda preciar en el magisterio, salvo excepciones, claro.

Esta situación ha dado como resultado que la educación pública sea de pésima calidad, donde ni los profesores de este sistema matriculan a sus hijos en ella. Seguramente piensan que el servicio que brindan no está a “la altura de sus hijos”. Este servicio es para el “vulgo”, de los que no pueden pagar su educación ni siquiera en un colegio privado de quinta categoría. Estos maestros se avergüenzan de su propio trabajo, por ello no se exponen a que sus propios hijos vean esa vergüenza. Ni qué decir de los ministros, congresistas, alcaldes, etc., de toda esa fauna que aparece en la historia del Perú.